EN EL BARRIO HAY… 3 DIAS DE CARNAVAL
Esta canción bien guapachosa, interpretada por la gran Celia Cruz al lado del maestro Johnny Pacheco, me sirve de referencia para este nuevo artículo: mis recuerdos acerca del Carnaval.
Esta era, o sigue siendo, una de las épocas más bonitas del año para los niños
y adultos de mi país. Aunque es una fiesta de origen pagano, es celebrado justo
antes de la Cuaresma cristiana (que se inicia con el Miércoles de Cenizas) en
muchos países del mundo, tanto cristianos como no cristianos, y muy especialmente
en Latinoamérica, donde Brasil lleva la batuta con el mundialmente famoso
Carnaval de Río de Janeiro. En nuestro país, cuando éramos felices y no lo
sabíamos, se celebraban fiestas de carnavales de gran fama en Carúpano y Cumaná
(Edo. Sucre), Maturín (Edo. Monagas), Punto Fijo (Edo. Falcón), El Callao y
Ciudad Guayana (Edo. Bolívar), Porlamar (Edo. Nueva Esparta) y las famosas
Ferias del Sol en Mérida (Edo. Mérida).
Como comenté en un artículo anterior, los carnavales de los años 60 y 70 se caracterizaron por grandes desfiles, fastuosos “saraos” en locales nocturnos y clubes, fiestas infantiles en escuelas, y mucha agua y harina en las calles, para cualquiera que estuviera expuesto a los jóvenes que en grupos, “jugaban carnaval” en barrios y urbanizaciones. De niño recuerdo haber ido con mis padres y hermanos a varios desfiles de Carnaval, donde veíamos pasar las carrozas con sus hermosas Reinas y sus vistosas comparsas, y donde los integrantes de las carrozas les lanzaban a los presentes gran cantidad de caramelos, al grito de ¡Aquí es, aquí es! como decía una canción infantil de esos años: “Los Caramelos”.
De esos años recuerdo
los disfraces más famosos: Batman y EL Zorro, y en las niñas los de Princesas y
Mujer Maravilla. Aunque no recuerdo bien los disfraces que usé de niño, de lo
que estoy seguro es que de esos dos personajes, nunca me disfracé…
De adolescente, mi
afro y mi “pinta” me encasillaron en los disfraces de pandillero y
malandro…jejeje. Aunque igual no era muy creativo para esos “menesteres”,
buscaba resolver de forma fácil. Eso sí, con disfraz o sin disfraz, no pelaba
las fiestas de Carnaval del colegio o de la urbanización. Demasiado buenas.
De las mejores fiestas de mi urbanización, recuerdo una muy particular, por la anécdota graciosa que nos sucedió a la mayoría de los chicos presentes. Resulta que iban llegando los invitados a la fiesta y en casi todos los casos identificamos a la cara detrás del disfraz; sin embargo, hubo alguien disfrazado como un “mamarracho” (persona extravagante o informal en su manera de vestir) a quien no podíamos identificar.
Solo veíamos que
caminaba de forma extraña, es decir, como “metiendo los pies”: el único que
caminaba así era uno de nuestros más queridos amigos, hoy difunto, quien
caminaba como Pato… pensado que era él, cada vez que alguno de nosotros pasaba
a su lado, le daba una “nalgada” para ver si hacíamos que se descubriera, cosa
que no quiso hacer, así que decidimos continuar disfrutando de la fiesta y de
la buena salsa… sonaba mucho en esa época un buen tema de Héctor Lavoe y Willie
Colón: “El día de mi suerte”. Ya era
casi la medianoche, cuando vimos que hizo su entrada triunfal a la fiesta
nuestro amigo en cuestión; se había quedado dormido y había llegado tarde a la
reunión… todos nos quedamos perplejos e intrigados, pero eso se nos quitó de
inmediato, al igual que se nos fueron las cervezas que nos habíamos tomado
cuando el misterioso personaje se quitó el sombrero y la máscara que le cubría
la cara, para dejar al descubierto el rostro de una de las chicas de la
urbanización… vale decir que salimos en desbanda de la fiesta por la vergüenza
que nos produjo nuestra acción.
Unas amigas de la
urbanización tenían una vieja pero muy funcional camioneta tipo pick up, la
cual apodaban “La Pecueca”, en la que nos embarcábamos cerca de una decena de
“manganzones” armados de “vejigas” (globos), “torniquetes” y “tobos” (balde)
llenos de agua y por varias horas nos desplazábamos por las urbanizaciones cercanas,
“bañando” a todo aquel que se nos atravesara, sin importar sexo, edad o
vestimenta. Bastantes insultos nos ganamos y gracias a Dios nunca nos
encontramos con alguien armado o que nos persiguiera.
De los cuentos o chistes
más recordados por nuestros vecinos, está aquel en el cual yo me encontraba
conversando al frente de mi casa con mi amigo, el del apodo del “sueño feo”,
mientras que los más chamos estaban llenando “vejigas” ya que estaban “jugando
carnaval” (jugando con agua). En un momento de la conversación, estábamos
hablando de ir a un lugar, y yo comenté en voz alta: ¡Nooo, yo no voy!; acto
seguido sentí un golpe húmedo en el lado izquierdo de la cara, que hizo que se
me cayeran los lentes. Recuperándome del impacto, levanté la vista y cada uno
de los chamos fue levantando las dos manos y mostrando una vejiga en cada mano…
cuando le tocó el turno a mi hermano, el levantó sólo una mano y dijo su
recordada frase: “Ajá… pero yo solo tenía una”. Y una sola fue la “mano” que le
metí cuando lo pude alcanzar.
Cuando me fui a
estudiar a la Isla de Margarita, aproveché en una oportunidad para disfrutar
del desfile de Carnaval en Porlamar y las fiestas que se hacían en las zonas
aledañas al área del desfile. Creo que en mi vida nunca bailé tanto, ya que tenía
unos conocidos en un grupo de danzas de la ciudad y ellos eran los que iban
dirigiendo el bochinche del resto del público por detrás de las carrozas;
fueron como 10 kilómetros danzando al ritmo de Mi Banana de Fernandito
Villalona y el Festival de Murgas de la Banda Show Panamá. Un verdadero
maratón.
Por esos días tuve la oportunidad de escuchar, a través de un cassette que me dio en préstamo mi gran amigo-compadre, una canción poco conocida y que está escondida en el Álbum “Tiempo pa´ matar” de Willie Colón, donde se destacó el tema “Gitana” en lo que representó el último trabajo de “El Malo” con el sello Fania.
El tema en
cuestión se llama “Noche de Enmascarados” del gran Chico Buarque, en ritmo de
“Bolerengue” y habla del encuentro casual entre dos desconocidos, sin preguntas,
en una noche… de Carnaval.
Comenzando el año en que mi esposa y yo nos hicimos novios, sus hermanas y ella realizaron en casa de sus padres una gran fiesta de carnaval, con Reina incluida y desfile de ésta por las cuadras aledañas (la reina fue un primo de ellas disfrazado de mujer voluptuosa)…
Para variar, se me presentó el dilema de escoger mi disfraz… junté un suéter de rayas horizontales blancas y celestes, un sombrero tipo bombín de mi Mamá, dos círculos rojos pintados en los cachetes y uno en la nariz y listo… me disfracé de Popy, el payaso de la televisión venezolana que por años interpretó Diony López.
Mi esposa recuerda
el momento y aún siente vergüenza porque dice que me veía muy “ridiculito” … sobre
todo cuando hacía un círculo imaginario sobre mi cabeza y gritaba: “Juuueeep….
Para todos los niños de Venezuela… jajaja… y eso que no le canté “El Telefonito”
… la hubiera “derretido”. De esa fiesta recuerdo que bailamos mucho la canción que
me recuerda a mi querida cuñada menor… “La Guacherna” de Los Vecinos.
Otra fiesta memorable
tuvo lugar en la casa de la playa del tío muy querido de mi esposa en Miramar
(Edo. Falcón). Habíamos ido de vacaciones de playa, pero una tarde mientras
estábamos todos en el patio compartiendo, mi esposa y dos de sus hermanas nos
llamaron a mis cuñados y a mí a una de las habitaciones. Se habían puesto de
acuerdo y habían traído en secreto y desde Maracaibo, un montón de ropa de
mujer con la finalidad de disfrazarnos. Ya “emboscados”, no nos quedó de otra
que seguir participando en el juego. Empezaron a maquillarnos, a vestirnos y a
ponernos ciertos aditamentos (incluyendo un gancho donde se guindan las pastillas
desinfectantes para pocetas, el cual uso uno de mis cuñados como “arete”). Llegado
el momento, comenzó el desfile… las risas de todos los presentes no se hicieron
esperar… mis cuñadas creían que, a mi Papá, le iba a dar un infarto ya que
estaba literalmente “privado” de la risa… solo se le oía decir, cuando me vio
disfrazado, que menos mal que nací hombre, porque como mujer no hubiera servido
ni para prostituta…… jejeje. (PD: el de la derecha en la foto soy yo)
El desfile culminó con
el triunfo de uno de mis cuñados y el show de la pelea conmigo porque no estuve
de acuerdo con el resultado trucado (creo que Tibi estuvo participando en el escrutinio)
…
Como daño colateral
del evento, una de mis hijas no se dejó hacer más “las colitas” (bandas para el
pelo), ya que el peinado que me hizo mi esposa incluyó dos lazos, uno a cada
lado de la cabeza, que a duras penas me pudo hacer ya que casi no tengo pelo…
como mi hija también tenía en esa época poco cabello, su Mamá le hacía las dos
“colitas” como las que me hizo a mi… imagínense lo que pasó en ese momento por
su pequeña cabecita, después que oyó a la gente riendo y burlándose, diciendo:
Igualito a ella, igualito a ella… Fin de las colitas.
En una de la ultimas
fiestas de disfraces que hicimos en casa de mis suegros, saqué a relucir
nuevamente mi “ingenio” para disfrazarme… estaba de moda el personaje de
“Rafucho El Maracucho” y fue sencillo… me compré en una de esas tiendas de ropa
barata una camisa bien “zorra” (de mal gusto) de “Poliéster”, me puse muchos
“pelos en el pecho” y bastante talco, en la cintura un teléfono viejo del
modelo “bloque” y hablaba maracucho “rajao” a todo pulmón… lo único que faltó
fue la “Gaita Onomatopéyica” al momento de hacer mi entrada a la fiesta.
Y ya para finalizar,
comparto una de las canciones más emblemáticas de Carnaval; al oírla, la
imaginación te debe llevar a Rio de Janeiro, ubicándote en el medio del famoso
Sambódromo: “Fanfarra (Cabua-le-le)” de Sergio Mendes … y así como el mes de
febrero, este artículo también fue “cortito”… Bendiciones.
Ruben
G. Gil Medina
Franklin
12 de febrero de 2023















Excelente, trasladarse en el tiempo a través de las memorias
ResponderEliminarExcelente Tito, con tantos anécdotas tan hermosos como tu dices: Cuando eramos felices y no lo sabíamos. Adelante y éxitos primo. Dios te Bendiga
EliminarExcelente, trasladarse en el tiempo a través de las memorias. Carlos Pirela
ResponderEliminarEs increíble todo lo que evocamos con cada anécdota, una vida paralela y olvidada entre tanto trajín , pero feliz ...Esa vida que tuvimos nos sostiene hoy! Gtacias Ruben
ResponderEliminarQue buenos recuerdos, me reí mucho recordando jajaja
ResponderEliminarMuy bueno...faltaron los templetes de Punto Fijo
ResponderEliminarDiiiooosss como me haces recordar mi juventud, mis carnavales, mis anecdotas, simplemente recordar es vivir!!
ResponderEliminarDe niño,ganaste premio en el club Manaure de Campo Shell.
ResponderEliminarDios te bendiga siempre.
Un Viaje de Recuerdos , Emociones y Tradiciones, Gracias Rubén
ResponderEliminarAdelante que cada vez te conozco un poco más a través de tus recuerdos tía aur
ResponderEliminarMuy bueno Tito Rubén!!😂😂 Solo tu puedes hacernos recordar esas alegres anécdotas con tu excelente descripción. Me encantó!!👏👏👏👏🤗
ResponderEliminarExcelente como todos tus escritos. Remontarnos a nuestros buenos recuerdos de Carnavales, tienes una memoria única. 🎉🥳
ResponderEliminarMuy buenos tus carnaval Dios te bendiga Memín digamos comunicación más más sencilla eh todo lo que es conocimientos científicos ahí en Venezuela ahorita mucha mucho mucha producción de conocimiento científico hay una gran participación de las mujeres hay una gran
ResponderEliminarExcelente recuerdos, pero te felicito por tu gran memoria 🤗
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